09 noviembre 2015

Así funcionan las escuelas de negocio

Las enseñanza de máster y maestrías forman parte del catálogo de postgrados de muchas universidades. Sin embargo, cuando pensamos en estudiar un programa de este tipo las principales referencias no son universitarias, sino de Escuelas de Negocios.

 

Se trata de una paradoja que, en Europa, alcanza su máxima expresión. Con un sistema de enseñanza superior donde las universidades más prestigiosas son de titularidad pública, el mercado de los masters está copado por escuelas de negocios, en su inmensa mayoría privadas.

 

¿Por qué sucede esto? Durante muchos años, las enseñanzas universitarias han estado diseñadas de forma unidireccional desde las facultades y departamentos. Esto quiere decir que los planes de estudios se han creado a partir de criterios básicamente académicos.

 

El modelo, con algunos cambios, ha funcionado en las titulaciones de grado, pero en el tramo de especialización de los masters todo cambió hace mucho tiempo. Conviene hacer un poco de historia para comprender el presente.

 

La primera Escuela de Negocios (la Europe Business School) se creó en París hace casi dos siglos. A lo largo del S. XIX le siguieron otros centros en Francia, Alemania, Suiza y los Estados Unidos, entre otros países. Y en los albores del  S. XX la Escuela de Negocios Amos Tuck (New Hampshire, EEUU) lanzó al mercado el primer programa máster MBA.

 

Las universidades reaccionaron con lentitud. El nuevo mundo que emergía de la primera y segunda Revolución Industrial necesitaba de directivos para que sus empresas  tuvieran una formación eminentemente práctica, dirigida a gestionar la nueva economía, y fueron las Escuelas de Negocios las que supieron llenar ese hueco y copar el mercado de enseñanzas de postgrado.

 

A lo largo del siglo pasado las universidades trataron de incorporarse a ese mercado, pero en general con poco éxito, y a día de hoy las Escuelas de Negocios siguen liderando la formación de máster en todo el mundo. Esa es la principal clave de este tipo de centros: Su modelo, desde las enseñanzas ofertadas a los planes de estudio, pasando por el profesorado, está diseñado con una orientación 100% práctica, pensado para resolver las necesidades de las empresas.

 

Para ello, sus responsables están en contacto permanente con el sector productivo. En muchos casos cuentan con un Consejo Asesor  que sirve de nexo permanente y orienta respecto a los planes de estudio y nuevas titulaciones. De esta forma, la oferta de los centros se renueva en función de las demandas del mercado.

 

Otra de las características que hacen diferente a estos centros de las universidades es su relación con los alumnos, que comienza incluso antes de que se incorporen, a través de las entrevistas de ingreso. Esta relación se prolonga más allá de la obtención del título, estableciendo vínculos permanentes a través del sistema de antiguos alumnos alumni.

 

El profesorado también es un elemento diferenciador. En las escuelas de negocio los méritos académicos (doctorado, publicaciones, etc) no son la clave para la selección, que se lleva a cabo con criterios empresariales. El objetivo es contar con profesionales en activo o con muchos años de experiencia que, dotados de unas habilidades básicas de comunicación, son capaces de transmitir sus conocimientos personales y de preparar a los estudiantes para la actividad empresarial.

 

Por otra parte, el nivel de rotación de los docentes es mayor, lo que permite incorporar a nuevos profesores que aportan visiones y experiencias distintas en cada curso.

 

Por esa misma razón, el modelo pedagógico de estos centros también es diferente al de las universidades, ya que utilizan preferentemente el método del caso. Se trata de un sistema basado en la práctica, orientado a la solución de problemas concretos, pero sin objetivos explícitos. Está organizado en torno a cinco pasos (Preparación, recepción, interacción, evaluación y confrontación) y fomenta la interacción de todo el grupo, no solo profesor – alumno. Y aunque no es el único método de enseñanza, se ha convertido en la clave de los masters en las escuelas de negocios de todo el mundo.

 

El último elemento diferenciador de las Escuelas de Negocios respecto a las universidades tiene que ver con el tránsito hacia el empleo de sus titulados. Aunque las universidades han mejorado en este aspecto, las escuelas dedican importantes recursos económicos y humanos a una óptima gestión de las bolsas de prácticas y de empleo vinculadas a sus másters. Precisamente por esa relación tan estrecha con el sector empresarial de la que hemos hablado, son capaces de construir un sistema que facilita a sus alumnos el acceso a puestos de trabajo altamente cualificados.

 

Oferta formativa, relación con los alumnos, profesorado, método docente y empleabilidad: Los cinco factores diferenciadores de las Escuelas de Negocios respecto a las universidades que todos, desde los estudiantes a los empresarios, tienen en cuenta a la hora de pensar en la formación de postgrado.

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