Nada es para siempre o eso se dice ¿no? bien lo saben muchas empresas, que han buscado formas inteligentes de ampliar el ciclo de vida del producto que venden y hacer que permanezca por más tiempo en el mercado. Al final, las personas nunca dejarán de querer productos más completos y eficientes.
En términos simples, el ciclo de vida de un producto es el proceso que cualquier artículo comercial pasa desde su concepción hasta su retirada del mercado. Este proceso está definido en 5 etapas que deberemos identificar y catalogar para poder tomar mayor control de las acciones a llevar a cabo en cada una de ellas.
Lo primero que debemos aclarar y es razonable evidenciar que los estudios sobre el tema se refieren a la longevidad de un producto desde la perspectiva del consumo. Nuestro enfoque aquí es abordar las variaciones en las ventas, los costos de producción y las estrategias de gestión de los productos según su capacidad de atender al mercado.
En este momento, el principal reto es sacar las ideas del papel y poner manos a la obra. Ya sea un producto de consumo rápido, como una bebida, o uno más complejo, como una aplicación para computadoras, todo producto tiene que salir a la luz en su mejor versión.
Siendo así, la principal tarea en la fase de desarrollo es elaborar una personalidad para el producto. La mayor parte de las inversiones se aportan al diseño y a los ajustes técnicos necesarios para que sean consumidos de forma inmediata.
Ahora el producto ya está disponible para las ventas. ¿Pero quiénes serán los primeros compradores? ¿Cómo mostrarle al mercado que vale la pena probar la novedad?
Para garantizar que el producto oficial esté enganchado a las necesidades del consumidor, los emprendedores suelen realizar un MVP (o en español, producto viable mínimo), que, básicamente, es la versión más sencilla de un producto que puede resolver el problema del usuario.
La fase de introducción es el momento adecuado para definir los KPIs (principales indicadores de desempeño) del producto a lo largo de su ciclo de vida. Sin embargo, la base de clientes aún no es bastante para orientar nuevas acciones de adquisición y cambios en las ofertas.
El aterrizaje del producto a esta fase indica que tiene un buen potencial de perennidad. Aquí se observa un aumento considerable de las ventas y una mayor cantidad de canales de obtención de clientes.
La retención de los clientes iniciales y la expansión de la conciencia de marca se convierten en retos más complejos. Por otro lado, a una mayor competitividad corresponde una mayor inversión en la calidad del producto y en recursos innovadores que le devuelvan la hegemonía.
¡Y ahí viene la buena noticia! Los ingresos ya empiezan a crecer y son asignados a la realización de avances técnicos y nuevas estrategias de divulgación. Desde este momento, el análisis predictivo permite que la empresa ensaye posibles escenarios de un mercado en expansión.
La llegada de la madurez impone pruebas intensas a la persistencia del producto. La experiencia acumulada por la empresa en las etapas anteriores le concede la capacidad de resistir posibles crisis económicas o el surgimiento de nuevos contendientes.
Mantenerse en el primer lugar de las opciones de compra del consumidor es, no obstante, una tarea muy difícil. Lo comprueban las estadísticas de ventas, que ya no crecen de forma constante y se estabilizan.
Los emprendedores suelen romperse la cabeza en esta fase, pues el mercado ya conoce bien su producto y está adaptándose a su uso. Poner atención a las nuevas demandas que surgieron es fundamental, para que el producto pruebe su capacidad de cumplir más de una función.
En cuanto a la medición de los resultados, el ROI (retorno de la inversión) y el CAC (costo de adquisición de clientes) se resaltan. Al final, garantizar la fidelidad de los clientes ya captados es más prudente que dirigirse a una cuota totalmente nueva del mercado.
No cabe duda de que este es el momento más temido para cualquier empresa enfocada en productos. Aunque haga muchos intentos para posponerlo, en algún punto se hará inevitable.
Aquí, las ventas bajan significativamente y los clientes comienzan a adaptarse a nuevas alternativas ya consolidadas en el mercado ¿Te acuerdas del ejemplo de la USB? Una vez más aplica, pues otros productos y servicios de almacenamiento se probaron más eficientes.
Muchos otros factores pueden provocar la declinación de los productos, como los cambios en los intereses de los consumidores y la progresión masiva de uno o más competidores.
La revolución 4.0 ha llegado por fin a los Recursos Humanos y, con ella, la necesidad y el momento clave para adaptarse a las nuevas necesidades de nuestros equipos. ¿Cómo? A través de la tecnología, vista por las empresas y los trabajadores ya no como una amenaza o sustitutivo, sino como la gran aliada para empoderar a las organizaciones.
Con la introducción de las aplicaciones y de la tecnología de punta, los negocios tienden a utilizar la innovación digital para atraer más clientes y administrar de forma efectiva sus procesos. Esto significa que la tecnología debe ser vista como un beneficio esencial para el mejor desempeño de las empresas.
La tecnología influye directamente en los negocios, ya que afecta y mejora el rendimiento de los equipos y procesos de trabajo, el relacionamiento con proveedores, colaboradores y clientes, además, del marketing de la marca. De esta manera, se puede decir que la tecnología es una manera de viabilizar y simplificar las informaciones dentro de una empresa.
Aún existe cierta resistencia a la adopción de nuevas ideas, como aplicaciones y software de gestión de procesos. Esta barrera suele estar vinculada al compromiso de los empleados de adaptarse a las herramientas que ofrecen una visión global de la gestión del trabajo de las pequeñas, medianas y grandes empresas.
La transformación digital no trata únicamente de las innovaciones tecnológicas y su interrupción en el negocio, sino también de cómo se adoptan y utilizan estas innovaciones tecnológicas en las empresas.
El Máster en Recursos Humanos, Dirección y Gestión de Personas, además de prepararte como líder y especialista en la gestión del Capital Humano y capacitarte para dar soluciones globales a las necesidades de captación y retención de personal, potencializa tu currículum vitae y aumenta exponencialmente tus posibilidades de inserción y mejora laboral.
El Síndrome de Wendy se relaciona con aquellas personas que se preocupan en exceso por complacer las necesidades y los antojos ajenos. ¿Cómo trasladamos esto al mundo empresarial?.
A la hora de hablar del Síndrome de Wendy, nos referimos a aquel en el que las personas se preocupan en exceso por complacer las necesidades y antojos ajenos. Si llevamos esto al mundo de la empresa, puede derivar en jefes demasiado protectores o en emprendedores obsesionados por satisfacer a los clientes. Si eres de los que piensa que los clientes siempre tienen razón y estás dispuesto a todo para satisfacer sus intereses, puede que estés aquejado por el Síndrome de Wendy.
Acuñado en 1983 por el psicólogo Dan Kiley, el mismo que definió el Síndrome de Peter Pan, el de Wendy se aprecia en aquellas personas que sienten necesidad de complacer constantemente a otra para no molestarla. Wendy vendría a ser una especie de madre para el Peter Pan que se niega a madurar.
Generalmente va aparejado al miedo al rechazo y al abandono y, por razones culturales, se asocia más a las mujeres que a los hombres. Pero también se puede trasladar al mundo de la empresa con casos de jefes sufridores en exceso capaces incluso de realizar las tareas de los empleados para evitar conflictos.
En cualquier caso se relaciona con una actitud de inmadurez que proyectan en los otros a los que tratan más como niños a los que hay que proteger que como adultos conscientes de lo que hacen. Claro que sí, después de tanto miramiento, el padecedor del Síndrome de Wendy no ve sus esfuerzos recompensados, el proteccionismo puede derivar en ira y rencor, con el consecuente castigo. Porque, lo que oculta en el fondo la persona que se conduce así, es la voluntad de controlar el rumbo de otras personas.
Tener en cuenta que el cliente no siempre tiene razón
Alex Tayar, cofundador de Flat 101, publicada un post en su cuenta de Linketin relacionado con el Síndrome de Wendy. “Este comportamiento se extrapola a las relaciones profesionales, y no es raro que veamos agencias o empresas que buscan complacer a sus clientes diciéndoles que sí a todo o yendo mucho más allá de las responsabilidades profesionales que les corresponden, todo para que el cliente esté feliz conmigo, contento y me quiera a su lado”, sostiene.
Según Tayar, “nuestra labor como proveedores no es dar la razón en todo a un cliente. Nuestra labor es ayudarles y aportar soluciones en la realización de proyectos del tipo que sean, para que éstos tengan éxito y funcionen de la mejor forma posible. No se trata de negarse a hacer cosas, pero sí de ser didácticos, educar sobre la necesidad o no de hacer según que cosas y para qué y ser responsables con nuestro trabajo”.
En cuanto a la pregunta clave que cabría hacerse según Tayar es la siguiente: ¿lo que el cliente me pide es lo que necesita? “Si la respuesta es NO, nuestro trabajo como profesionales es hacer entender la necesidad de otro planteamiento y forma de hacer las cosas para conseguir el éxito. Y ese es el camino para no ser Wendy”, concluye.
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La inteligencia emocional (IE) sirve para muchas cosas: para tener una vida más sana, para comprender mejor a los demás y desarrollar la empatía, para adaptarse mejor a las situaciones cambiantes e inciertas… Ahora también sabemos que es útil para predecir el éxito que tendrá un trabajador a lo largo de su carrera laboral. Hoy hablaremos del papel de la gestión de las emociones en el éxito.
Es la capacidad cognitiva que tenemos de conocernos, afrontar a nuestras emociones y las de los demás, y entendernos a nosotros mismos como individuo, ante las diferentes situaciones de la vida. Es decir, saber que sentimientos provocan dichos comportamientos y el porqué de estos, lo que nos ayuda a conseguir controlarlos.
Tradicionalmente hemos oído la fuerte conexión que existe entre el coeficiente intelectual y el éxito que somos capaces de alcanzar en todas las facetas de nuestra vida. Tanto a nivel educativo como profesional, una puntuación alta en el test CI era sinónimo de triunfar en la vida. Sin embargo, en los últimos años, más científicos y psicólogos han rechazado esta idea y consideran otras alternativas de conocimiento.
Desde EUDE Business School os traemos tres factores que componen la inteligencia emocional, y que determinan el éxito personal de cada uno:
1. Automotivación. Esta cualidad nos permite dirigir las emociones hacia un objetivo y mantener la motivación en las metas, en lugar de en los obstáculos.
2. Empatía. Las relaciones sociales se basan en saber los mensajes que los demás emiten de manera consciente o inconsciente. Si somos capaces de conocer estas emociones, podremos conectar más fácilmente con nuestro entorno.
3. Relaciones interpersonales. Tener desarrolladas nuestras habilidades sociales nos ayuda a saber cómo comportarnos en situaciones diferentes y mantener buenas relaciones con los demás.
Según la revista online Forbes, en el pasado el éxito de una persona dependía en mayor medida de su nivel de estudios, la universidad de procedencia o su currículum vitae, mientras que en la actualidad el éxito depende mucho más del adecuado desarrollo de sus habilidades emocionales y comunicativas.
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El confinamiento por la pandemia del coronavirus hizo aflorar por primera vez de forma masiva el teletrabajo y la continuidad de las medidas sanitarias. Desde ese momento muchas startups han aprovechado la oportunidad de trabajar desde fuera de la oficina.
El teletrabajo ha llegado para quedarse, y también en las startups, muchas de ellas ya acostumbradas a tener trabajadores en remoto, pero que han tenido que enfrentarse al reto de realizar reuniones y mantener el rumbo común de equipos en los que cada miembro trabajaba desde su casa. En los últimos tiempos, numerosas empresas han decidido cerrar sus oficinas y subirse al carro del teletrabajo, permitiendo a sus empleados trabajar a distancia.
Aprovechando esta nueva situación, desde EUDE Business School os hemos traído una selección de los proyectos emprendedores de todo el mundo que han visto su oportunidad con el boom que viven en el momento actual el teletrabajo.
1 Reuniones de ventas interactivas
2 Suscripción a plantillas remotas de teletrabajo
Boldly ayuda a las empresas de nueva creación a disponer de equipos de trabajo de profesionales muy cualificados sin invertir en contratos, ya que funciona por suscripción. Se paga cada mes por las horas acordadas con Boldly sin tener que realizar ningún tipo de contrato con el profesional. Ellos lo que aportan es la garantía de la elección de los perfiles más adecuados.
3 Un proveedor de oficinas virtuales
Teemyco ha desarrollado una aplicación capaz de generar una oficina como las de cualquier espacio físico, con un montón de salas en las que trabajar solo o acompañado. Se diferencia de herramientas tipo Zoom o Teams en que reproduce una oficina con el resto de compañeros de trabajo. Al acceder a ella se crea un avatar por cada persona que se registra, y se puede estar conversando de forma espontánea como hacemos habitualmente en nuestras oficinas.
4 Formación online para oficios creativos
Skillshare es una herramienta especializada en la formación online enfocada a trabajos creativos: animación, dibujo, diseño gráfico, ilustración, fotografía, artesanía… siempre con clases impartidas por profesionales de cada campo. La plataforma funciona con un servicio de suscripción mensual o anual y paga a los profesores en base al número de alumnos que consigue, además del nivel de interacción con su contenido.
5 Supervisor de los activos de las empresas
Oomnitza es una plataforma que ayuda a las empresas de forma remota a mantener seguros y en óptimo estado todos sus activos: software y hardware (hardware de usuario final, SaaS, infraestructura de red, servicios de nube virtual, dispositivos minoristas, máquinas de atención médica, etc.). Un servicio de gestión de activos desde su adquisión y su mantenimiento hasta el final de su vida útil.
En un mercado en constante cambio, las empresas que están enfocadas en el crecimiento luchan día a día por adaptarse a nuevas estrategias que les permitan mantener el ritmo de crecimiento.
No se puede ganar un mercado tan cambiante con estrategias de marketing y ventas anticuadas y obsoletas. Los consumidores no responden de la misma forma que antes, son más exigentes y la publicidad ya no es tan efectiva como lo fue en otras décadas. Por ello veremos 5 Errores a evitar para vender más.
Lo más común es que no consigamos la venta en una primera visita web (o presencial), en un primer contacto o llamada. Por ello, hay que establecer los diferentes encuentros entre empresa y cliente potencial, así como fijar el siguiente paso a seguir hasta conseguir vender. Para ello, es preciso conocer en todo momento en qué estadio del ciclo de compra se encuentra cada persona.
Todos pasamos por las fases del modelo AIDA a la hora de efectuar cualquier tipo de compra, desde una tableta de chocolate hasta un vehículo. AIDA es el acrónimo de las palabras awareness, investigation, decision and action.
1. Ir directo a la venta del producto o servicio
No debes ir directo al grano. Un cliente se dará cuenta fácilmente cuando el representante de ventas solo quiere vender por cumplir una cuota de ventas. La relación se quebrará indudablemente.
En todo momento el representante de ventas debe demostrar a los clientes que se preocupa por entender sus problemas y necesidades. De esta manera, lograremos identificar la mejor solución para ellos, y así, tendrás más probabilidades de concretar el negocio.
2. No escuchar lo que tu cliente necesita
Muchas ventas fracasan porque sus vendedores hablan demasiado, no se toman el trabajo de escuchar lo que el cliente tiene para decirles. Entender por qué y para qué nuestro cliente potencial necesita nuestro producto o servicio nos dará contexto para armar un plan efectivo y cerrar una venta exitosa.
3. Depender de los descuentos y promociones para cerrar ventas
Creer que el precio es lo único que les importa a nuestros prospectos es un gran error. Muchos vendedores piensan que trabajar con descuentos es su arma más letal para cerrar nuevas ventas.
Es claro que el precio es un factor muy determinante para los compradores, pero si tus clientes no ven tu propuesta de valor, es decir, la razón por la que tu producto o servicio es mejor que el de la competencia, estás perdido.
4. No usar las redes sociales
Internet se ha convertido en un gran aliado para los vendedores que han entendido el valor y uso de las redes sociales para la prospección a través de técnicas como el social selling y el análisis de los perfiles de sus prospectos.
Los vendedores también pueden hacer uso de las redes sociales para investigar más sobre su prospecto, entender qué lo motiva, qué intereses tiene, cuál es su rol profesional, en qué círculo social se mueve, etc. y así, llegar mejor preparado a su cita de negocios.
5. Usar el mismo discurso de ventas para cada cliente
Cada cliente tiene un perfil y una necesidad o problema diferente. Tomate el trabajo de indagar bien a tus clientes, agrupa los factores en común y procede a diseñar un proceso de ventas que pueda adaptarse a cada grupo, diseña un arquetipo de tu cliente ideal.
Es importante entender la manera en cómo compran las personas, es decir, entender su recorrido de compra o buyer joruney.
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