Durante años, el networking profesional se ha asociado a intercambiar tarjetas, asistir a eventos, sumar contactos en LinkedIn o iniciar conversaciones rápidas en encuentros empresariales. Sin embargo, el mercado laboral actual exige una forma diferente de construir relaciones.
Hoy, hacer networking no consiste en acumular contactos. Consiste en crear vínculos profesionales con sentido, basados en la confianza, el aprendizaje, la colaboración y la generación de valor mutuo.
En un entorno marcado por la transformación del trabajo, la digitalización, la movilidad internacional y la necesidad de aprendizaje continuo, las relaciones profesionales se han convertido en un activo clave para la empleabilidad y el desarrollo de carrera.
Harvard Business Review recoge investigaciones que muestran que las conexiones moderadamente débiles pueden ser especialmente útiles para encontrar nuevas oportunidades profesionales, porque conectan a las personas con información, entornos y posibilidades fuera de sus círculos habituales.
También LinkedIn ha destacado que, en un contexto de sobrecarga informativa, las redes profesionales siguen siendo una de las principales fuentes de confianza para los profesionales, por encima de otros canales de búsqueda o información.
Por eso, el reto ya no es simplemente “hacer contactos”. El verdadero reto es aprender a construir una red profesional sólida, diversa y útil, capaz de generar oportunidades, conocimiento y crecimiento a largo plazo.
En EUDE Business School, la formación está conectada con esta realidad: aprender en contacto con profesionales, empresas, docentes en activo y una comunidad internacional es clave para desarrollar competencias que van más allá del aula.
Hacer networking profesional significa construir y cuidar relaciones que pueden aportar aprendizaje, oportunidades, colaboración, inspiración o crecimiento profesional.
No se trata de pedir favores ni de buscar resultados inmediatos. Tampoco consiste en contactar solo cuando se necesita empleo, una recomendación o una oportunidad de negocio.
El networking actual debe entenderse como una práctica continua. Se basa en conversar, escuchar, compartir conocimiento, aportar valor y mantenerse presente de forma coherente.
Una buena red profesional puede ayudarte a:
• Conocer nuevas oportunidades laborales;
• Acceder a información sobre sectores o empresas;
• Aprender de otros perfiles;
• Encontrar colaboradores;
• Mejorar tu marca personal;
• Descubrir tendencias;
• Participar en proyectos;
• Ampliar tu visión profesional.
El valor de una red no depende únicamente del número de contactos, sino de la calidad de las relaciones y de la diversidad de perspectivas que aporta.
En este sentido, el networking tiene una relación directa con la empleabilidad. No sustituye a la formación, la experiencia o las competencias, pero puede ampliar las posibilidades de crecimiento profesional.
Durante mucho tiempo, muchas personas entendieron el networking como una cuestión de cantidad: más contactos, más tarjetas, más seguidores, más reuniones o más eventos.
Sin embargo, una red profesional grande no siempre es una red útil.
Tener miles de contactos en LinkedIn no garantiza confianza, conversación ni oportunidades. Lo importante es que exista una relación mínima de reconocimiento, interés o valor compartido.
De contacto a relación
Un contacto es una conexión puntual. Una relación es un vínculo que se construye con el tiempo.
Puedes añadir a una persona en LinkedIn después de un evento, pero la relación empieza cuando hay interacción real: un mensaje personalizado, una conversación, un comentario útil, una recomendación, una colaboración o un intercambio de ideas.
De cantidad a calidad
El networking con propósito no busca llegar a todo el mundo, sino conectar mejor con las personas adecuadas.
Una red de valor puede estar formada por antiguos compañeros, docentes, mentores, profesionales del sector, alumni, colegas de otros países, reclutadores, líderes de opinión o personas con intereses similares.
De oportunidad inmediata a crecimiento a largo plazo
El networking no siempre genera resultados rápidos. Muchas oportunidades surgen meses o años después de una conversación, una experiencia compartida o una relación bien cuidada.
Por eso, la constancia y la autenticidad son fundamentales.
De autopromoción a intercambio
El networking no debería centrarse solo en hablar de uno mismo. Las relaciones profesionales más sólidas se construyen cuando existe interés genuino por la otra persona.
Escuchar, preguntar, compartir y ayudar son acciones mucho más eficaces que enviar mensajes genéricos o pedir algo sin contexto.
El nuevo networking se basa en una idea sencilla: las relaciones profesionales deben tener propósito.
Esto no significa que cada conversación deba tener un objetivo comercial o laboral inmediato. Significa que cada conexión debería responder a una intención clara: aprender, compartir, colaborar, inspirar, conocer un sector, abrir una conversación o construir comunidad.
Propósito profesional
Antes de hacer networking, conviene preguntarse qué tipo de red quieres construir.
No es lo mismo buscar oportunidades laborales que desarrollar negocio, aprender sobre un sector, encontrar mentores, explorar un cambio profesional o fortalecer tu marca personal.
Tener claridad te ayuda a participar en los espacios adecuados y a comunicar mejor quién eres.
Valor mutuo
Una relación profesional no debería basarse solo en lo que puedes recibir. También debe considerar qué puedes aportar.
Puedes aportar conocimiento, experiencia, una recomendación, una idea, una conexión, una mirada diferente o simplemente una conversación útil.
El valor mutuo es la base de una red sostenible.
Coherencia
El networking con propósito debe estar alineado con tu identidad profesional.
Lo que compartes, cómo participas, a qué eventos asistes y qué conversaciones impulsas debería reflejar tus intereses, tus competencias y tus objetivos.
Por eso, el networking está muy conectado con la marca personal profesional, especialmente en entornos digitales como LinkedIn.
Confianza
La confianza no se genera de forma automática. Se construye con coherencia, respeto, cumplimiento de compromisos y presencia continuada.
Una persona que responde, aporta, recomienda, escucha y mantiene una relación profesional de forma natural tendrá más posibilidades de construir una red sólida.
Construir una red profesional requiere intención, pero también método. No basta con esperar a que aparezcan oportunidades.
Identificar tus áreas de interés
El primer paso es saber en qué temas, sectores o comunidades quieres estar presente.
Puede ser marketing digital, recursos humanos, finanzas, sostenibilidad, comercio internacional, emprendimiento, logística, tecnología, dirección empresarial o cualquier área vinculada a tu desarrollo profesional.
Cuanto más claro tengas tu foco, más fácil será identificar personas, eventos y conversaciones relevantes.
Cuidar las relaciones existentes
Muchas veces pensamos en networking como conocer gente nueva, pero una parte importante está en cuidar relaciones que ya existen.
Antiguos compañeros, docentes, jefes, colegas de proyectos, alumni o contactos de prácticas pueden convertirse en una red de apoyo muy valiosa.
Harvard Business Review también ha señalado la importancia de recuperar relaciones dormidas o vínculos profesionales que quedaron en pausa, porque pueden abrir nuevas perspectivas y oportunidades.
Participar en espacios profesionales
Eventos, conferencias, seminarios, masterclass, ferias, foros sectoriales y encuentros con empresas son espacios muy útiles para ampliar red.
Pero el valor no está solo en asistir. Está en participar: hacer preguntas, conversar después de la sesión, conectar con otros asistentes y dar seguimiento.
Dar seguimiento después del primer contacto
Una conversación interesante pierde fuerza si no se cuida después.
Un mensaje breve después de un evento, una recomendación de lectura, una conexión en LinkedIn o un comentario sobre lo conversado puede transformar un contacto puntual en el inicio de una relación profesional.
Compartir conocimiento
Publicar, comentar o compartir reflexiones profesionales ayuda a que otras personas identifiquen tus intereses y competencias.
No hace falta ser un experto reconocido para aportar valor. También se puede compartir aprendizaje, experiencias, ideas, lecturas, preguntas o puntos de vista.
El networking digital ha ganado un peso enorme en la construcción de relaciones profesionales.
LinkedIn, newsletters, comunidades digitales, webinars y eventos online permiten conectar con personas de distintos países, sectores y niveles de experiencia.
Sin embargo, el networking digital no debería reducirse a enviar solicitudes masivas de contacto.
Personalizar las conexiones
Cuando contactas con alguien, es recomendable explicar por qué quieres conectar. Un mensaje breve y personalizado puede marcar la diferencia.
Por ejemplo, puedes mencionar una conferencia, un artículo, una publicación, un interés común o una experiencia compartida.
Comentar con intención
Comentar publicaciones de otros profesionales es una forma sencilla de iniciar conversaciones.
Pero para que funcione, el comentario debe aportar algo: una reflexión, una pregunta, una experiencia, un matiz o una idea complementaria.
Crear contenido útil
Publicar contenido puede ayudarte a mostrar tu criterio profesional. No se trata de publicar constantemente, sino de hacerlo con coherencia.
Puedes compartir aprendizajes, análisis de tendencias, experiencias profesionales, recomendaciones de lectura o reflexiones sobre tu sector.
Construir reputación digital
Cada interacción digital comunica algo sobre tu perfil. La forma en que escribes, respondes, participas o compartes contenido contribuye a tu reputación profesional.
Por eso, el networking digital debe cuidarse con la misma seriedad que una conversación presencial.
Para quienes quieren desarrollar esta dimensión, programas como el Máster en Marketing Digital permiten comprender mejor cómo funcionan los contenidos, las audiencias, la marca personal y la comunicación en entornos digitales.
Aunque el networking digital es importante, las relaciones presenciales siguen teniendo un valor diferencial.
Los eventos, clases, visitas a empresas, conferencias, talleres y encuentros profesionales permiten generar una conexión más cercana y memorable.
El valor de compartir contexto
Cuando dos personas coinciden en una actividad formativa, una masterclass o un evento profesional, ya tienen un punto de partida común.
Esa experiencia compartida facilita la conversación y puede convertirse en el inicio de una relación profesional.
Aprender con otros
La formación no solo aporta contenidos. También permite conocer a personas con intereses similares, trayectorias diversas y objetivos profesionales complementarios.
En una escuela de negocios, el aula también es un espacio de networking.
Empresas, docentes y alumni
Una red profesional sólida puede construirse a partir de diferentes conexiones: compañeros, profesores, antiguos alumnos, ponentes, empresas colaboradoras y profesionales invitados.
En EUDE Business School, las actividades con empresas, los encuentros profesionales y la comunidad internacional de alumnos forman parte de una experiencia orientada a conectar formación y realidad empresarial.
Networking internacional
En un mercado global, conectar con profesionales de otros países puede ampliar mucho la perspectiva.
La diversidad cultural, académica y profesional permite entender mejor otros mercados, formas de trabajo y oportunidades internacionales.
Este enfoque conecta especialmente con programas como el MBA – Máster en Dirección y Administración de Empresas, donde la visión global y la capacidad de liderazgo son competencias clave.
El networking puede ser muy útil, pero también puede generar el efecto contrario si se plantea mal.
Contactar solo cuando necesitas algo
Uno de los errores más comunes es aparecer únicamente cuando se busca empleo, una recomendación o una oportunidad.
Las relaciones profesionales deben construirse antes de necesitarlas.
Enviar mensajes genéricos
Los mensajes impersonales suelen generar poca respuesta. Es mejor escribir menos mensajes, pero más cuidados y contextualizados.
Hablar demasiado de uno mismo
Una buena conversación profesional no es un monólogo. Escuchar y hacer buenas preguntas puede ser más valioso que intentar impresionar.
No hacer seguimiento
Asistir a un evento y no volver a contactar con nadie limita el impacto del networking.
El seguimiento es lo que convierte una conversación puntual en una relación.
Confundir networking con venta inmediata
El networking no debería sentirse como una transacción. La venta, la recomendación o la oportunidad pueden llegar, pero normalmente lo hacen cuando existe confianza previa.
Descuidar la presencia digital
Un perfil incompleto, desactualizado o incoherente puede restar credibilidad.
Si una persona te busca después de conocerte, tu presencia digital debería reforzar la buena impresión inicial.
El networking no es solo una habilidad social. Es una competencia profesional que combina comunicación, estrategia, empatía y visión de largo plazo.
Comunicación clara
Saber explicar quién eres, qué haces y qué te interesa es fundamental.
Una presentación profesional breve, clara y natural facilita el inicio de conversaciones.
Escucha activa
Las relaciones se construyen escuchando. Prestar atención a lo que la otra persona cuenta permite identificar intereses comunes, necesidades y oportunidades de colaboración.
Empatía
Entender el contexto de la otra persona ayuda a generar conversaciones más auténticas.
El networking no debe ser invasivo ni forzado. Debe respetar tiempos, intereses y límites.
Pensamiento estratégico
Construir una red profesional también requiere visión. No se trata de conectar con cualquiera, sino de crear relaciones alineadas con tus objetivos y valores.
Generosidad profesional
Recomendar un recurso, presentar a dos personas, compartir una oportunidad o aportar una idea son formas de generar valor.
La generosidad profesional no garantiza resultados inmediatos, pero fortalece la confianza.
Constancia
Las relaciones necesitan tiempo. Un mensaje, una conversación o una publicación no bastan por sí solos.
La constancia permite mantener viva una red profesional sin convertirla en una obligación.
El Foro Económico Mundial destaca en su Future of Jobs Report 2025 que habilidades como liderazgo e influencia social, resiliencia, flexibilidad y agilidad seguirán siendo relevantes en el mercado laboral hacia 2030.
¿Qué es el networking profesional?
El networking profesional es la construcción y cuidado de relaciones que pueden aportar aprendizaje, oportunidades, colaboración, conocimiento o desarrollo de carrera.
¿Para qué sirve el networking?
Sirve para ampliar oportunidades laborales, conocer mejor un sector, aprender de otros profesionales, encontrar colaboradores, fortalecer la reputación profesional y acceder a información de valor.
¿Cómo empezar a hacer networking?
Puedes empezar identificando tus áreas de interés, actualizando tu perfil profesional, participando en eventos, comentando contenido de valor y contactando con personas de forma personalizada.
¿Es mejor hacer networking online o presencial?
Ambos formatos son útiles. El entorno digital permite ampliar alcance y mantener conversaciones, mientras que el presencial ayuda a generar conexiones más cercanas y memorables.
¿Qué errores debo evitar?
Evita contactar solo cuando necesitas algo, enviar mensajes genéricos, hablar únicamente de ti, no hacer seguimiento, vender de forma inmediata o descuidar tu presencia digital.
El networking profesional ha cambiado. Ya no se trata de acumular contactos, sino de construir relaciones con propósito, basadas en la confianza, la coherencia y el valor mutuo.
En un mercado laboral cada vez más competitivo y conectado, una red profesional sólida puede ayudarte a descubrir oportunidades, aprender de otros perfiles, reforzar tu marca personal y ampliar tu visión del entorno empresarial.
Pero el networking no se improvisa. Requiere comunicación, escucha, estrategia, constancia y capacidad para aportar valor.
En EUDE Business School, la formación está orientada a conectar el aprendizaje con la realidad profesional, impulsando experiencias que acercan a los alumnos al tejido empresarial y favorecen la creación de relaciones de valor.
Programas como el MBA – Máster en Dirección y Administración de Empresas, el Máster en Dirección de Recursos Humanos, el Máster en Marketing Digital y el Máster en Dirección Comercial y Marketing permiten desarrollar competencias clave en liderazgo, comunicación, empleabilidad, estrategia y desarrollo profesional.
Porque el verdadero networking no consiste en conocer a más personas, sino en construir mejores relaciones.
Septiembre suele sentirse como un nuevo comienzo. Después de las vacaciones, muchas personas vuelven al trabajo, retoman sus estudios, reorganizan prioridades y se plantean nuevos objetivos personales y profesionales.
Sin embargo, la vuelta a la rutina no siempre es sencilla. Pasar del descanso a las reuniones, los correos, las clases, los horarios y las responsabilidades puede generar cansancio, falta de concentración o sensación de saturación. Por eso, más que intentar cambiarlo todo de golpe, septiembre puede ser un buen momento para construir pequeños hábitos sostenibles.
Los hábitos de septiembre no tienen que ser grandes propósitos difíciles de mantener. A veces, mejorar el rendimiento profesional empieza por acciones sencillas: planificar mejor la semana, cuidar el descanso, reducir distracciones digitales, reservar tiempo para aprender, moverse más o revisar objetivos con realismo.
La productividad no depende solo de hacer más cosas. También depende de trabajar con más foco, más claridad y más equilibrio. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda a los adultos realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, recordando que el movimiento puede formar parte del trabajo, el transporte, el ocio o las tareas cotidianas.
En un entorno cada vez más digital, también es importante revisar cómo utilizamos el tiempo. Microsoft señala en su Work Trend Index que muchos profesionales dedican una parte muy elevada de su jornada a comunicación —emails, chats y reuniones—, lo que refuerza la necesidad de gestionar mejor la atención y las prioridades.
Para quienes estudian, trabajan o quieren impulsar su carrera, septiembre puede ser una oportunidad para ordenar la agenda y recuperar el control. En EUDE Business School, programas como el MBA – Máster en Dirección y Administración de Empresas, el Máster en Dirección de Recursos Humanos o el Máster en Transformación Digital ayudan a desarrollar competencias clave en liderazgo, organización, gestión de equipos y adaptación al cambio.ç
Septiembre tiene una carga simbólica muy fuerte. Aunque el año empieza oficialmente en enero, para muchas personas el verdadero reinicio llega después del verano. Vuelven los horarios, las clases, los proyectos, los presupuestos, los equipos completos y las decisiones profesionales.
Este contexto convierte septiembre en un momento ideal para revisar rutinas y plantear cambios realistas. No se trata de llenar la agenda de objetivos imposibles, sino de identificar qué pequeños hábitos pueden ayudarte a trabajar, estudiar y vivir con más equilibrio.
Después de las vacaciones, la mente suele necesitar una fase de adaptación. Harvard Business Review ha abordado cómo, tras el descanso, algunas personas pueden sentir que su motivación sigue “de vacaciones”, especialmente si trabajan en remoto o vuelven a entornos con menos estructura.
Por eso, la vuelta debe ser progresiva. Intentar recuperar todo el ritmo en un solo día puede generar frustración. En cambio, ordenar prioridades, definir horarios y establecer rutinas sencillas ayuda a volver con más claridad.
Los hábitos funcionan porque reducen la necesidad de decidir constantemente. Cuando una rutina está bien diseñada, libera energía mental para tareas más importantes.
Uno de los hábitos más útiles para septiembre es dedicar unos minutos a planificar la semana. Puede parecer una acción sencilla, pero ayuda a evitar que las urgencias ocupen todo el espacio.
La planificación permite ver qué tareas son importantes, qué reuniones requieren preparación, qué entregas tienen fecha límite y qué espacios deben reservarse para concentración, formación o descanso.
Revisar prioridades
Antes de empezar la semana, conviene identificar las tres o cuatro tareas que realmente marcarán la diferencia.
No todo tiene el mismo peso. Algunas acciones generan avance real; otras solo mantienen la sensación de estar ocupado.
Preguntarse “qué debe quedar resuelto esta semana” ayuda a separar lo importante de lo accesorio.
Bloquear tiempo para trabajo profundo
La agenda no debería llenarse solo de reuniones y tareas reactivas. También necesita espacios protegidos para pensar, escribir, analizar, estudiar o resolver problemas complejos.
Estos bloques de trabajo profundo ayudan a mejorar la calidad del resultado y reducen la sensación de fragmentación.
Preparar la vuelta a clase o al trabajo
Para quienes estudian y trabajan al mismo tiempo, la planificación semanal es todavía más importante.
Reservar momentos concretos para leer, asistir a clase, avanzar en proyectos o preparar entregas permite integrar la formación en la rutina sin convertirla en una carga improvisada.
Después de un periodo de descanso, es normal que cueste volver a concentrarse. La mente necesita recuperar ritmo, horarios y hábitos de atención.
El problema es que muchos profesionales vuelven directamente a una agenda llena de correos, reuniones y notificaciones. Esto puede generar sensación de saturación desde el primer día.
La American Psychological Association recuerda que las pausas breves pueden ayudar a mantener el foco y la productividad, especialmente cuando se combinan con una gestión consciente de la tecnología.
Empezar por tareas concretas
Una buena estrategia es comenzar con tareas claras y delimitadas. En lugar de abrir diez frentes a la vez, conviene elegir una tarea, terminarla y pasar a la siguiente.
La sensación de avance ayuda a recuperar confianza.
Reducir la multitarea
La multitarea suele generar una falsa sensación de productividad. Cambiar constantemente de una tarea a otra reduce el foco y aumenta el cansancio mental.
Septiembre puede ser un buen momento para recuperar una forma de trabajo más ordenada: una tarea, un objetivo, un bloque de tiempo.
Crear rituales de inicio y cierre
Un pequeño ritual al comenzar la jornada ayuda a entrar en modo trabajo o estudio: revisar agenda, ordenar escritorio, priorizar tareas o preparar materiales.
También es importante cerrar el día. Revisar lo avanzado, anotar pendientes y dejar organizada la siguiente jornada ayuda a desconectar mejor.
El descanso no es lo contrario del rendimiento. Es una condición para sostenerlo.
Dormir mal, acumular cansancio o no respetar tiempos de recuperación afecta a la concentración, la memoria, la toma de decisiones y el estado de ánimo.
En septiembre, muchas personas intentan recuperar la rutina sacrificando descanso. Sin embargo, volver a horarios saludables debería ser una prioridad.
Recuperar horarios progresivamente
Después de las vacaciones, los horarios de sueño suelen cambiar. Volver a la rutina puede ser más fácil si se ajustan poco a poco las horas de acostarse y levantarse.
Pequeños cambios sostenidos suelen funcionar mejor que cambios bruscos.
Evitar pantallas antes de dormir
Reducir el uso de pantallas antes de acostarse puede ayudar a mejorar la calidad del descanso. También permite cerrar el día con menos estímulos digitales.
Proteger momentos de desconexión
La desconexión no debería limitarse a las vacaciones. Durante el curso o el año laboral, también es necesario reservar espacios sin correo, sin mensajes y sin tareas pendientes.
Un profesional que descansa mejor puede decidir mejor.
El rendimiento profesional no depende únicamente de la mente. También depende del cuerpo.
Incorporar movimiento a la rutina ayuda a reducir el sedentarismo, mejorar el bienestar y sostener la energía durante la jornada. La OMS recuerda que la actividad física aporta beneficios para la salud y puede integrarse en desplazamientos, ocio, trabajo o tareas diarias.
Caminar más
Caminar antes o después del trabajo, bajarse una parada antes, subir escaleras o hacer pequeños desplazamientos a pie puede marcar una diferencia.
No siempre hace falta una rutina deportiva compleja. La constancia empieza por acciones sencillas.
Pausas activas
Levantarse cada cierto tiempo, estirar, caminar unos minutos o cambiar de postura ayuda a romper largos periodos de sedentarismo.
Estas pausas también pueden servir para despejar la mente.
Cuidar la alimentación y la hidratación
La vuelta a la rutina también puede ser una oportunidad para recuperar horarios de comida, preparar mejor la semana y evitar depender siempre de decisiones improvisadas.
El bienestar diario se construye con pequeñas decisiones repetidas.
Uno de los hábitos más importantes para mejorar el rendimiento profesional es reservar tiempo para aprender.
El mercado laboral cambia rápido. La Inteligencia Artificial, la transformación digital, los datos, la sostenibilidad, la gestión de personas y los nuevos modelos de negocio están modificando muchas profesiones.
Por eso, septiembre puede ser un buen momento para preguntarse qué competencias necesitas desarrollar durante los próximos meses.
Elegir una competencia prioritaria
En lugar de intentar aprender muchas cosas a la vez, conviene elegir una competencia concreta.
Puede ser liderazgo, análisis de datos, inteligencia artificial, idiomas, comunicación, gestión de proyectos, finanzas, marketing digital o transformación digital.
La clave es convertir el aprendizaje en una rutina, no en una intención abstracta.
Reservar tiempo en la agenda
Si el aprendizaje no aparece en la agenda, suele quedar desplazado por tareas urgentes.
Bloquear una o dos horas a la semana para formación puede ayudarte a avanzar de forma sostenida.
Aplicar lo aprendido
Aprender más no significa solo consumir contenido. También implica aplicar conocimientos en proyectos, casos reales, tareas profesionales o retos personales.
En este sentido, programas como el Máster en Big Data y Business Intelligence, el Máster en Marketing Digital o el Máster en Dirección Financiera permiten desarrollar competencias concretas y aplicables al entorno empresarial.
La tecnología puede ayudarnos a trabajar mejor, pero también puede fragmentar nuestra atención.
Correos, chats, notificaciones, reuniones, plataformas y mensajes constantes hacen que muchas personas terminen el día con sensación de haber estado ocupadas, pero no necesariamente de haber avanzado.
Microsoft señala que los trabajadores del conocimiento siguen dedicando una parte muy relevante de su tiempo a emails, chats y reuniones, mientras que el tiempo destinado a creación y trabajo de mayor profundidad queda más limitado.
Revisar notificaciones
Septiembre es un buen momento para limpiar notificaciones innecesarias. No todas las aplicaciones necesitan interrumpirte.
Silenciar avisos, agrupar mensajes o definir horarios de revisión puede mejorar la concentración.
Gestionar mejor el correo
Abrir el correo constantemente dificulta avanzar en tareas importantes.
Una alternativa es establecer momentos concretos para revisar mensajes, responder y cerrar la bandeja de entrada.
Hacer reuniones más eficientes
No todas las reuniones son necesarias. Antes de convocar o aceptar una reunión, conviene preguntarse si el objetivo está claro, si las personas invitadas son las adecuadas y si podría resolverse por otro canal.
La productividad digital también depende de diseñar mejores hábitos de comunicación.
Usar IA con criterio
La Inteligencia Artificial puede ayudar a resumir información, preparar borradores, ordenar ideas o automatizar tareas. Pero debe usarse con criterio, revisión y responsabilidad.
Para quienes buscan liderar procesos de cambio, el Máster en Transformación Digital ofrece una visión especialmente útil sobre cómo integrar tecnología, negocio y gestión del cambio.
El gran reto no es empezar un hábito, sino mantenerlo.
Septiembre suele venir acompañado de motivación inicial, pero esa energía puede desaparecer si los objetivos son demasiado ambiciosos o poco realistas.
Empezar pequeño
Un hábito pequeño es más fácil de sostener. Diez minutos de planificación, veinte minutos de lectura, una caminata diaria o una pausa sin móvil pueden ser suficientes para empezar.
Medir avances
Registrar el progreso ayuda a mantener la motivación. Puede ser una lista simple, una agenda, una aplicación o una revisión semanal.
Lo importante es ver que hay continuidad.
Ajustar sin abandonar
Habrá semanas más difíciles. La clave no es hacerlo perfecto, sino retomar el hábito cuando se interrumpe.
La flexibilidad ayuda a mantener la constancia.
Conectar hábitos con objetivos profesionales
Un hábito tiene más fuerza cuando se conecta con una meta. Por ejemplo, estudiar cada semana puede estar vinculado a cambiar de puesto, mejorar empleabilidad o preparar una promoción.
Programas como el MBA – Máster en Dirección y Administración de Empresas ayudan a ordenar esa evolución profesional desde una visión estratégica de empresa, liderazgo y toma de decisiones.
¿Por qué septiembre es buen momento para crear hábitos?
Porque marca el regreso a la rutina laboral y académica después del verano. Es un momento útil para reorganizar prioridades, recuperar horarios y plantear nuevos objetivos profesionales.
¿Qué hábitos ayudan a mejorar el rendimiento profesional?
La planificación semanal, el descanso, el movimiento, la gestión digital, el aprendizaje continuo, la reducción de distracciones y la revisión de objetivos pueden mejorar el rendimiento de forma sostenible.
¿Cómo evitar agobiarse al volver de vacaciones?
Es recomendable volver de forma progresiva, priorizar tareas, evitar llenar la agenda de reuniones desde el primer día y reservar tiempo para organizar pendientes.
¿Cómo mantener la motivación después de septiembre?
La motivación se mantiene mejor con hábitos pequeños, objetivos realistas, seguimiento del progreso y conexión entre las rutinas diarias y las metas profesionales.
¿Qué papel tiene la formación continua en la vuelta a la rutina?
La formación continua permite actualizar competencias, mejorar la empleabilidad y adaptarse a los cambios del mercado laboral. Septiembre puede ser un buen momento para decidir qué habilidad desarrollar durante el nuevo curso.
Los hábitos de septiembre pueden convertirse en una herramienta poderosa para mejorar el rendimiento profesional. No se trata de transformar toda la rutina de un día para otro, sino de introducir pequeñas acciones que ayuden a trabajar, estudiar y vivir con más claridad.
Planificar la semana, cuidar el descanso, moverse más, gestionar mejor la tecnología, reservar tiempo para aprender y revisar prioridades son hábitos sencillos, pero con un impacto real cuando se mantienen en el tiempo.
En un entorno laboral cada vez más exigente, la productividad no puede basarse únicamente en hacer más. Debe apoyarse en el foco, el equilibrio, la organización y el aprendizaje continuo.
Septiembre puede ser mucho más que una vuelta a la rutina. También puede ser el punto de partida para construir una forma de trabajar más consciente, más sostenible y más orientada al futuro.
Empezar con ganas es fácil. El verdadero reto está en mantener la motivación durante el curso construyendo hábitos y una organización que sigan funcionando cuando desaparezca la novedad de las primeras semanas.
Septiembre suele sentirse como un nuevo comienzo.
Volvemos a organizarnos, estrenamos horarios, recuperamos objetivos pendientes y pensamos que este curso sí vamos a conseguir llevarlo todo al día.
Esa motivación inicial es útil. Nos empuja a empezar.
Pero no siempre dura.
A medida que avanzan las semanas aparecen entregas, trabajo, responsabilidades personales, cansancio y días en los que simplemente tenemos menos energía. Por eso, más que intentar mantener intactas las ganas del primer día, el reto está en convertir ese impulso inicial en una rutina sostenible.
Y eso no significa hacer más. Muchas veces significa organizarse mejor.
Cuando estamos motivados tendemos a sobreestimar todo lo que podremos hacer.
Nos proponemos estudiar todos los días, llevar las asignaturas al día, hacer deporte, leer más, aprender idiomas y organizar mejor nuestro trabajo.
El problema aparece cuando diseñamos una rutina pensando en nuestra mejor semana.
La realidad del estudiante actual suele ser bastante más compleja.
El Student Academic Experience Survey 2026, elaborado por Advance HE y el Higher Education Policy Institute (HEPI) con más de 10.000 universitarios, señala que el 65 % de los estudiantes a tiempo completo trabaja durante el periodo lectivo. Entre quienes estudian y trabajan, la suma de ambas responsabilidades alcanza una media de 44,2 horas semanales.
Por eso, antes de llenar la agenda, merece la pena hacerse una pregunta sencilla:
¿Podría mantener este ritmo también en una semana complicada?
Si la respuesta es no, probablemente convenga empezar con menos.
“Este curso quiero organizarme mejor” es un buen propósito, pero difícilmente puede convertirse en una rutina.
Cuanto más concreto sea un objetivo, más sencillo será llevarlo a la práctica.
En lugar de:
“Voy a estudiar más.”
Prueba con:
“Los martes y jueves dedicaré una hora a revisar lo trabajado durante la semana.”
En lugar de:
“No quiero volver a dejarlo todo para el final.”
Puedes establecer:
“Cada domingo revisaré las entregas de las próximas dos semanas.”
La diferencia puede parecer pequeña, pero transforma una intención en una acción que puedes repetir.
Consejo práctico: al comenzar el curso, elige únicamente tres hábitos concretos. Cuando formen parte de tu rutina, añade otros.
Uno de los errores más habituales es estudiar únicamente cuando encontramos un hueco.
El problema es que, cuando aumenta la carga de trabajo, esos huecos desaparecen.
Por eso puede resultar mucho más efectivo reservar determinados momentos de la semana con antelación.
No hace falta llenar toda la agenda.
Basta con proteger algunos espacios.
Por ejemplo:
Además, la necesidad de gestionar bien el tiempo es cada vez mayor. El Student Academic Experience Survey 2025 mostraba que el 68 % de los universitarios a tiempo completo ya compaginaba sus estudios con un empleo remunerado, frente al 56 % apenas un año antes.
Cuando distintas responsabilidades compiten por nuestro tiempo, esperar a “tener un rato” suele dejar de funcionar.
Aquí está probablemente una de las claves.
Si cada vez que tenemos que estudiar necesitamos decidir cuándo, dónde y durante cuánto tiempo hacerlo, dependemos continuamente de nuestra fuerza de voluntad.
Los hábitos reducen parte de ese esfuerzo.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology siguió durante seis semanas a 91 universitarios mientras desarrollaban nuevos hábitos de estudio. Después de analizar más de 2.500 repeticiones, los investigadores observaron que, a medida que esos comportamientos se repetían, se volvían más automáticos y disminuían los conflictos relacionados con la motivación durante el estudio.
En otras palabras: cuanto más integrada está una actividad en nuestra rutina, menos tenemos que negociar con nosotros mismos para empezar.
Consejo práctico: asocia el estudio a algo que ya haces habitualmente.
Por ejemplo:
“Después de cenar, revisaré durante 20 minutos lo visto ese día.”
o
“Cuando llegue a casa los miércoles, dedicaré una hora al proyecto.”
El objetivo es que llegue un momento en el que empezar requiera cada vez menos esfuerzo mental.
Un curso académico no avanza de forma lineal.
Habrá semanas tranquilas y otras con entregas, exámenes, proyectos o mayor carga profesional.
Pretender mantener exactamente el mismo ritmo durante todo el año puede generar frustración innecesaria.
La constancia no significa hacer siempre la misma cantidad.
Significa no perder completamente la continuidad.
En una semana complicada, quizá tu rutina habitual de cuatro horas de estudio tenga que reducirse a dos.
No pasa nada.
Mantener un mínimo suele ser más útil que abandonar durante varios días y tener después que volver a empezar desde cero.
Consejo práctico: crea dos versiones de tu rutina:
Rutina ideal: lo que haces cuando tienes tiempo y energía.
Rutina mínima: lo imprescindible para no perder el hábito cuando la semana se complica.
Cuando algo no funciona solemos pensar inmediatamente que nos falta disciplina, pero a veces el problema está simplemente en cómo nos hemos organizado. Quizá has elegido un horario en el que estás demasiado cansado. Quizá has intentado abarcar demasiado. O quizá una actividad necesita más tiempo del que habías previsto.
Cada dos o tres semanas, puede ser útil revisar tres cosas:
¿Qué me está funcionando?
¿Qué me cuesta mantener?
¿Qué podría simplificar?
Ajustar una rutina no significa haber fallado.
Significa convertirla en algo más compatible con tu realidad.
Mantener la motivación durante todo el curso no significa levantarse cada día con las mismas ganas que en septiembre.
Tampoco significa cumplir siempre el 100 % de lo planificado.
Habrá días malos, semanas complicadas y momentos en los que tendremos que reorganizar prioridades.
Lo importante es volver.
Porque el objetivo de crear una rutina no es alcanzar la perfección.
Es hacer que avanzar resulte un poco más sencillo incluso cuando la motivación disminuye.
Un nuevo curso siempre comienza con ilusión, nuevos objetivos y ganas de aprovechar cada oportunidad.
En EUDE Business School trabajamos para que ese impulso se mantenga durante todo el proceso formativo, combinando aprendizaje académico con experiencias que conectan al alumno con la realidad empresarial.
Clases junto a profesionales en activo, talleres, seminarios, encuentros con empresas, actividades de networking y una comunidad internacional forman parte de una experiencia diseñada para seguir aprendiendo dentro y fuera del aula.
Porque empezar con ganas es importante.
Pero convertir esas ganas en aprendizaje, experiencias y crecimiento a lo largo del camino es lo que realmente marca la diferencia.
Durante años, la conversación ambiental en las empresas ha estado muy centrada en la huella de carbono. Medir emisiones, reducir gases de efecto invernadero y avanzar hacia modelos bajos en carbono sigue siendo una prioridad. Sin embargo, hay otro recurso que está ganando protagonismo en la estrategia empresarial: el agua.
La huella hídrica se está convirtiendo en un indicador clave para organizaciones de todos los sectores. No solo porque el agua es esencial para la vida y los ecosistemas, sino porque también sostiene la producción industrial, la agricultura, la energía, la alimentación, la logística, el turismo, la tecnología y el consumo diario.
El problema es que el acceso al agua ya no puede darse por garantizado. Sequías, estrés hídrico, contaminación, crecimiento de la demanda y cambio climático están aumentando la presión sobre los recursos hídricos. Según el World Resources Institute, 25 países que albergan a una cuarta parte de la población mundial se enfrentan cada año a un estrés hídrico extremadamente alto, utilizando regularmente casi todo su suministro disponible de agua.
En este contexto, las empresas necesitan mirar más allá del consumo directo de agua en sus instalaciones. Deben analizar también el agua utilizada en sus cadenas de suministro, en la producción de materias primas, en proveedores, procesos industriales, transporte, embalaje y ciclo de vida de los productos.
Medir la huella hídrica en empresas no es solo una cuestión ambiental. También es una cuestión de continuidad de negocio, reputación, costes, cumplimiento normativo, relación con inversores y responsabilidad social.
La huella hídrica es un indicador que permite medir el volumen de agua utilizado directa e indirectamente para producir bienes, prestar servicios o desarrollar una actividad.
No se limita al agua que una empresa consume en sus oficinas, fábricas o instalaciones. También incluye el agua necesaria para producir materias primas, fabricar productos, generar energía, transportar mercancías o sostener procesos dentro de la cadena de valor.
Por ejemplo, una empresa textil no solo debe tener en cuenta el agua que utiliza en sus centros de trabajo. También debe considerar el agua empleada para cultivar algodón, teñir tejidos, lavar materiales o gestionar vertidos.
Una empresa alimentaria debe analizar el agua relacionada con cultivos, ganadería, procesamiento, limpieza, envases y distribución.
Y una empresa tecnológica puede necesitar evaluar el agua asociada a la refrigeración de centros de datos, fabricación de componentes o consumo energético indirecto.
La huella hídrica ayuda a responder preguntas como:
• ¿Cuánta agua necesita una empresa para operar?
• ¿Dónde se produce el mayor consumo?
• ¿Qué procesos generan más presión sobre recursos hídricos?
• ¿Qué proveedores están ubicados en zonas de estrés hídrico?
• ¿Cómo se puede reducir el impacto sobre el agua?
Este indicador permite a las organizaciones pasar de una visión parcial del consumo de agua a una visión más completa de su relación con el recurso hídrico.
El agua es un recurso estratégico. Sin embargo, muchas empresas han tardado en incorporarla de forma clara a sus mapas de riesgos.
Hoy, esta realidad está cambiando. El agua empieza a verse como un factor clave para la resiliencia empresarial, especialmente en sectores expuestos a sequías, interrupciones de suministro, regulación ambiental, presión social o dependencia de materias primas agrícolas.
El Informe Mundial de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2024 destaca que el agua está profundamente conectada con la prosperidad, la seguridad alimentaria y energética, los medios de vida, la salud y la estabilidad social.
Riesgo operativo
La falta de agua puede afectar a la producción, la limpieza, la refrigeración, la generación de energía, la agricultura o el transporte.
Una fábrica, una planta alimentaria, una explotación agrícola o una instalación energética pueden sufrir paradas o restricciones si no cuentan con disponibilidad hídrica suficiente.
Riesgo financiero
La escasez de agua puede aumentar costes, obligar a invertir en nuevas tecnologías, encarecer materias primas o generar pérdidas por interrupciones.
CDP ha advertido que el agua ya representa un riesgo importante para las cadenas de suministro globales, con al menos 77.000 millones de dólares en riesgo debido a impactos vinculados al agua en proveedores.
Riesgo reputacional
Las empresas que operan en zonas con estrés hídrico pueden enfrentarse a críticas si su actividad compite con el consumo humano, agrícola o ambiental.
La gestión responsable del agua se ha convertido en un elemento clave para mantener la confianza de comunidades, clientes, instituciones e inversores.
Riesgo regulatorio
Cada vez más marcos de sostenibilidad, reporting y gestión ambiental incorporan indicadores relacionados con recursos naturales, biodiversidad, agua y cadena de suministro.
Esto obliga a las empresas a medir mejor sus impactos y demostrar avances reales.
La huella hídrica suele dividirse en tres categorías: azul, verde y gris. Esta clasificación ayuda a entender de dónde procede el agua utilizada y qué tipo de impacto genera.
Huella hídrica azul
Hace referencia al consumo de agua superficial o subterránea. Es decir, agua procedente de ríos, lagos, embalses o acuíferos.
Es especialmente relevante en procesos industriales, riego agrícola, producción energética, limpieza, refrigeración y fabricación.
Reducir la huella azul implica mejorar la eficiencia, reutilizar agua, optimizar procesos y evitar extracciones excesivas en zonas de estrés hídrico.
Huella hídrica verde
Se refiere al agua de lluvia almacenada en el suelo y utilizada principalmente por cultivos y vegetación.
Es muy importante en agricultura, alimentación, textil, papel, madera y materias primas naturales.
Una empresa que depende de productos agrícolas debe prestar atención a la huella verde asociada a sus proveedores y territorios de origen.
Representa el volumen de agua necesario para diluir contaminantes y mantener la calidad del recurso dentro de determinados estándares.
Está relacionada con vertidos, fertilizantes, productos químicos, procesos industriales y contaminación.
Reducir la huella gris exige mejorar el tratamiento de aguas, controlar vertidos, sustituir sustancias contaminantes y aplicar procesos productivos más limpios.
Aunque todas las empresas tienen una relación con el agua, algunos sectores presentan una exposición especialmente alta.
Alimentación y agricultura
La agricultura es uno de los ámbitos más dependientes del agua. Cultivos, ganadería, riego, fertilizantes y procesamiento alimentario tienen una relación directa con la disponibilidad hídrica.
Las empresas alimentarias necesitan evaluar tanto el consumo propio como el impacto de sus proveedores.
Textil y moda
El sector textil puede tener una huella hídrica significativa por el cultivo de fibras naturales, procesos de teñido, lavado, acabado y tratamiento de aguas.
Además, la presión social sobre la sostenibilidad en moda hace que la gestión del agua sea cada vez más relevante para la reputación de las marcas.
Industria y manufactura
Muchas industrias utilizan agua para producción, limpieza, refrigeración, generación de vapor, tratamiento de materiales o control de calidad.
La eficiencia hídrica puede reducir costes y mejorar la resiliencia operativa.
La producción energética puede depender del agua para refrigeración, extracción, generación hidroeléctrica o procesos térmicos.
El cambio climático y la sequía pueden afectar tanto a la disponibilidad de agua como a la estabilidad del suministro energético.
Tecnología y centros de datos
Aunque lo digital suele parecer intangible, también tiene impactos físicos. Algunos centros de datos utilizan agua para refrigeración, lo que está generando mayor atención sobre la huella hídrica de la infraestructura tecnológica.
Hoteles, resorts, instalaciones recreativas y servicios turísticos pueden tener consumos relevantes de agua, especialmente en zonas con alta presión turística o escasez hídrica.
La gestión eficiente del agua se convierte en un factor de sostenibilidad y competitividad.
Medir la huella hídrica requiere recopilar información sobre consumos, procesos, proveedores, ubicación geográfica y calidad del agua.
El primer paso es identificar dónde se utiliza agua dentro de la organización y en qué fases de la cadena de valor se produce el mayor impacto.
Inventario de consumos
La empresa debe recopilar datos de agua consumida en oficinas, plantas, almacenes, centros logísticos, instalaciones productivas y procesos auxiliares.
También debe diferenciar entre agua captada, agua consumida, agua vertida y agua reutilizada.
Análisis por procesos
No todos los procesos consumen lo mismo. Conviene identificar cuáles son más intensivos en agua y dónde existen oportunidades de mejora.
Por ejemplo, limpieza, refrigeración, riego, producción, tratamientos químicos o procesos térmicos pueden requerir análisis específico.
Ubicación geográfica
El impacto de consumir agua depende mucho del lugar. Un mismo volumen de agua no tiene el mismo significado en una zona con abundancia hídrica que en una región con sequía o estrés hídrico.
Por eso, medir huella hídrica exige incorporar información territorial.
Evaluación de proveedores
Muchas empresas descubren que gran parte de su huella hídrica no está en sus instalaciones, sino en su cadena de suministro.
Por eso, es importante recopilar información de proveedores, materias primas y territorios de origen.ç
Indicadores y reporting
La medición debe integrarse en los sistemas de gestión ambiental y reporting de sostenibilidad. Esto permite hacer seguimiento, fijar objetivos y comunicar avances de forma transparente.
Aquí los perfiles especializados en Gestión Ambiental tienen un papel clave para diseñar sistemas de medición, auditoría y mejora continua.
En muchas organizaciones, el mayor impacto hídrico no se produce dentro de sus oficinas o fábricas, sino en proveedores y materias primas.
Esto es especialmente importante en sectores como alimentación, textil, cosmética, electrónica, construcción o distribución.
CDP señala que una de cada cinco empresas reporta riesgos de agua en su cadena de suministro con potencial impacto sustancial en su negocio.
Alcance indirecto del consumo de agua
Una empresa puede tener un consumo directo relativamente bajo, pero una huella hídrica alta si sus proveedores dependen de cultivos intensivos en agua, procesos industriales contaminantes o territorios con estrés hídrico.
Por eso, la sostenibilidad hídrica requiere mirar más allá de las instalaciones propias.
Trazabilidad de materias primas
Conocer el origen de las materias primas permite evaluar mejor el riesgo hídrico. No basta con saber qué se compra; también importa dónde y cómo se produce.
La trazabilidad ayuda a identificar zonas vulnerables y proveedores prioritarios.
Colaboración con proveedores
Reducir la huella hídrica requiere trabajar con la cadena de suministro. Esto puede incluir formación, auditorías, objetivos compartidos, incentivos, tecnología y mejora de procesos.
La presión sobre el agua no se resuelve solo con acciones internas.
Compras responsables
Los equipos de compras tienen un papel clave. Elegir proveedores con mejores prácticas hídricas puede reducir riesgos y fortalecer la sostenibilidad del negocio.
Esto conecta la gestión ambiental con la estrategia empresarial, la logística y la reputación corporativa.
La gestión de la huella hídrica aporta beneficios ambientales, pero también empresariales.
Reducción de costes
Optimizar el uso del agua puede reducir consumos, costes de tratamiento, energía asociada, mantenimiento y pérdidas por ineficiencias.
Mayor resiliencia
Una empresa que conoce sus riesgos hídricos puede prepararse mejor ante sequías, restricciones, interrupciones o cambios regulatorios.
Mejor reputación
Gestionar el agua de forma responsable refuerza la confianza de clientes, comunidades, inversores e instituciones.
Cumplimiento normativo
Medir y gestionar la huella hídrica facilita responder a nuevas exigencias de sostenibilidad, reporting ambiental y auditoría.
Innovación
La necesidad de reducir consumo y contaminación puede impulsar nuevos procesos, tecnologías, productos y modelos de negocio.
Atracción de inversión
Los inversores están prestando más atención a los riesgos ambientales asociados al agua. CDP informó en 2024 que la demanda inversora de datos sobre riesgos hídricos corporativos se había más que duplicado en un año, impulsada por 276 inversores, bancos y aseguradoras con 21 billones de dólares en activos.
Reducir la huella hídrica requiere una combinación de medición, eficiencia, innovación y colaboración.
Medir antes de actuar
No se puede mejorar lo que no se mide. El primer paso es conocer consumos, procesos críticos, proveedores de riesgo y territorios vulnerables.
Reutilizar y recircular agua
La reutilización de agua en procesos industriales, limpieza, riego o refrigeración puede reducir la extracción de recursos hídricos.
Mejorar tecnologías y procesos
Equipos más eficientes, sensores, mantenimiento preventivo, sistemas cerrados y control de fugas pueden reducir consumos.
Reducir contaminación
Gestionar vertidos, sustituir productos químicos, mejorar tratamientos y controlar la calidad del agua ayuda a reducir la huella gris.
Diseñar productos con menor impacto
El ecodiseño puede reducir el agua necesaria en la producción, uso o mantenimiento de un producto.
Trabajar con proveedores
Las empresas deben identificar proveedores críticos, compartir objetivos, exigir datos y colaborar para mejorar prácticas de gestión hídrica.
Comunicar con transparencia
La comunicación debe basarse en datos verificables. Evitar mensajes genéricos y explicar avances, límites y retos pendientes ayuda a construir confianza.
¿Qué es la huella hídrica?
La huella hídrica es un indicador que mide el volumen de agua utilizado directa e indirectamente para producir bienes, prestar servicios o desarrollar una actividad.
¿Por qué es importante para las empresas?
Porque el agua es un recurso estratégico para la producción, la cadena de suministro, la energía, la agricultura, la reputación, la regulación y la continuidad de negocio.
¿Qué diferencia hay entre huella hídrica azul, verde y gris?
La huella azul se refiere al agua superficial o subterránea; la verde, al agua de lluvia utilizada por cultivos y vegetación; y la gris, al agua necesaria para diluir contaminantes y mantener la calidad del recurso.
¿Dónde suele estar el mayor impacto hídrico?
En muchos casos, el mayor impacto está en la cadena de suministro, especialmente en materias primas agrícolas, procesos industriales, textil, alimentación o proveedores ubicados en zonas de estrés hídrico.
¿Cómo puede una empresa reducir su huella hídrica?
Puede medir consumos, mejorar eficiencia, reutilizar agua, controlar vertidos, rediseñar procesos, trabajar con proveedores y comunicar resultados con transparencia.
La huella hídrica se está consolidando como uno de los indicadores ambientales más relevantes para las empresas. En un contexto de sequías, estrés hídrico, presión regulatoria y cadenas de suministro cada vez más expuestas, gestionar el agua de forma responsable ya no es una opción, sino una necesidad estratégica.
Las organizaciones que midan y reduzcan su huella hídrica podrán anticiparse mejor a los riesgos, optimizar recursos, mejorar su reputación y avanzar hacia modelos de negocio más sostenibles.
Para lograrlo, serán necesarios profesionales capaces de combinar gestión ambiental, análisis de datos, sostenibilidad, auditoría, estrategia empresarial y conocimiento de la cadena de valor.
En EUDE Business School, la formación está orientada a preparar perfiles capaces de responder a los retos actuales de las empresas y del entorno. Programas como el Máster en Gestión Ambiental, Calidad y Auditoría para Empresas, el Máster en Dirección de Proyectos Ambientales y RSC, el MBA – Máster en Dirección y Administración de Empresas y el Máster en Big Data y Business Intelligence permiten desarrollar competencias clave para liderar proyectos de sostenibilidad, reporting ambiental y gestión responsable de recursos.
En un escenario donde el agua será cada vez más decisiva para la competitividad y la continuidad de las empresas, comprender y gestionar la huella hídrica marcará la diferencia.
La Inteligencia Artificial está transformando el mercado laboral y también la manera en la que las empresas toman decisiones, desarrollan estrategias y gestionan sus equipos. Ya no hablamos únicamente de una tecnología reservada a perfiles técnicos: profesionales de marketing, finanzas, recursos humanos, dirección, logística o gestión empresarial están incorporando herramientas de IA a su trabajo diario.
En este contexto, apostar por una formación en IA se ha convertido en una oportunidad para desarrollar nuevas competencias, mejorar la productividad y prepararse para un entorno profesional en constante evolución.
Pero el verdadero reto no consiste únicamente en aprender a utilizar nuevas herramientas. Está en saber cómo aplicar la Inteligencia Artificial al negocio y convertirla en una ventaja competitiva.
La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una tecnología vinculada exclusivamente al futuro. Actualmente está presente en multitud de procesos empresariales: análisis de datos, automatización de tareas, generación de contenidos, atención al cliente, previsiones financieras, selección de talento o toma de decisiones.
Esta transformación está provocando un cambio importante en los perfiles que demandan las organizaciones.
Las empresas necesitan profesionales capaces de combinar su conocimiento especializado con nuevas competencias digitales. Por eso, entender cómo funciona la IA, conocer sus posibilidades y saber utilizarla de manera eficiente comienza a ser una capacidad transversal.
Utilizar una herramienta de Inteligencia Artificial es relativamente sencillo. Obtener verdadero valor profesional de ella requiere conocimientos, criterio y capacidad estratégica.
Una buena formación en IA permite comprender no solo qué herramientas existen, sino también:
El profesional que entiende estas posibilidades tiene una mayor capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos y aportar valor dentro de una organización.
Uno de los principales cambios que está experimentando el mercado laboral es la diferencia entre usar Inteligencia Artificial y saber trabajar profesionalmente con ella.
Generar un texto, resumir un documento o crear una presentación puede ser útil, pero el verdadero potencial aparece cuando la IA se integra en procesos más amplios.
Por ejemplo, un responsable de marketing puede utilizarla para analizar tendencias y segmentar audiencias; un profesional financiero puede apoyarse en ella para interpretar grandes volúmenes de información; y un responsable de Recursos Humanos puede emplearla para mejorar determinados procesos relacionados con el talento.
La ventaja competitiva estará, por tanto, en combinar conocimiento profesional, pensamiento crítico e Inteligencia Artificial.
La expansión de la Inteligencia Artificial también está modificando las competencias más valoradas por las organizaciones.
Además del conocimiento técnico o especializado de cada sector, los profesionales deberán reforzar capacidades como:
Pensamiento crítico. Saber interpretar la información generada por sistemas de IA y evaluar su calidad.
Análisis de datos. Transformar grandes cantidades de información en conocimiento útil para la toma de decisiones.
Visión estratégica. Identificar dónde puede generar valor la tecnología dentro de una organización.
Adaptabilidad. Aprender continuamente ante herramientas y entornos que evolucionan rápidamente.
Creatividad. Utilizar la tecnología como apoyo para generar nuevas soluciones, productos o estrategias.
Liderazgo digital. Ser capaz de gestionar equipos y proyectos en organizaciones cada vez más digitalizadas.
La tecnología evoluciona, pero son estas competencias las que permiten convertirla en resultados.
La Inteligencia Artificial tiene aplicaciones en prácticamente todas las áreas de una organización.
En Marketing, permite analizar comportamientos, personalizar experiencias, automatizar campañas y optimizar estrategias.
En Finanzas, facilita el análisis predictivo, la detección de patrones y el procesamiento de grandes volúmenes de datos.
En Recursos Humanos, puede apoyar procesos relacionados con selección, formación, desarrollo y gestión del talento.
En Logística y Supply Chain, contribuye a mejorar previsiones, optimizar rutas y anticipar posibles incidencias.
En Dirección empresarial, proporciona nuevas herramientas para analizar escenarios y apoyar la toma de decisiones.
Precisamente por su carácter transversal, la formación relacionada con IA empieza a convertirse en un complemento especialmente relevante para perfiles de distintas áreas.
Ante un mercado laboral cada vez más competitivo, la especialización puede marcar una diferencia importante.
La formación de posgrado permite profundizar en un área profesional y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades vinculadas a la gestión, el liderazgo y las nuevas tecnologías.
Por eso, al elegir un programa formativo, resulta especialmente interesante analizar si su metodología y contenidos están adaptados a las nuevas necesidades empresariales.
La combinación entre especialización profesional y formación en IA permite construir perfiles capaces no solo de responder a las necesidades actuales del mercado, sino también de anticiparse a las que surgirán en los próximos años.
En EUDE Business School, los programas formativos están orientados a conectar el aprendizaje académico con la realidad empresarial.
Cursar un Máster EUDE permite desarrollar conocimientos especializados dentro de diferentes áreas de negocio y trabajar competencias relacionadas con la digitalización, la innovación y las nuevas herramientas que están transformando las organizaciones.
El objetivo no es únicamente conocer nuevas tecnologías, sino comprender cómo utilizarlas dentro de un contexto profesional y empresarial.
Marketing, Recursos Humanos, Finanzas, MBA, Comercio Internacional, Logística, Big Data o Dirección Empresarial son ámbitos en los que la Inteligencia Artificial está generando nuevas oportunidades y modificando la forma tradicional de trabajar.
Por ello, complementar la especialización con competencias digitales será cada vez más importante para aquellos profesionales que quieran evolucionar dentro de sus organizaciones o acceder a nuevas oportunidades laborales.
La Inteligencia Artificial seguirá evolucionando y aparecerán nuevas herramientas, modelos y aplicaciones. Intentar dominar cada una de ellas probablemente sea imposible.
La clave estará en desarrollar una base sólida que permita aprender, adaptarse y utilizar estratégicamente la tecnología.
Invertir en formación en IA significa prepararse para un mercado laboral en el que el conocimiento especializado continuará siendo fundamental, pero estará cada vez más acompañado por la capacidad de trabajar junto a nuevas tecnologías.
En EUDE Business School apostamos por una formación conectada con las necesidades reales de las empresas y orientada a preparar profesionales capaces de afrontar los nuevos retos del mercado laboral.
Porque el futuro profesional no consiste únicamente en adaptarse al cambio, sino en estar preparado para liderarlo.
Durante años, muchos procesos de selección se han basado en señales tradicionales: titulación académica, años de experiencia, empresas anteriores o cargos ocupados. Estos elementos siguen siendo importantes, pero cada vez más organizaciones están incorporando un enfoque distinto: valorar de forma más directa qué sabe hacer realmente una persona.
Este cambio se conoce como skills-based hiring, o contratación basada en competencias. Su objetivo es evaluar a los candidatos por sus habilidades demostrables, su capacidad para resolver problemas y su potencial de aprendizaje, más allá de los títulos o trayectorias convencionales.
La OCDE define el enfoque skills-first como una forma de contratación y desarrollo profesional que prioriza las habilidades demostradas de una persona, independientemente de cómo o dónde las haya adquirido, frente a señales tradicionales como títulos o puestos anteriores.
Este modelo está ganando relevancia en un contexto marcado por la digitalización, la Inteligencia Artificial, la automatización y la rápida transformación de los perfiles profesionales. Las empresas necesitan talento capaz de adaptarse, aprender de forma continua y aplicar conocimientos en entornos cambiantes.
Para los profesionales, esto representa una oportunidad: el CV ya no solo debe mostrar dónde se ha estudiado o trabajado, sino qué competencias se han desarrollado, qué resultados se pueden demostrar y qué valor se puede aportar a una organización.
El skills-based hiring es un modelo de selección que pone el foco en las competencias reales de los candidatos. En lugar de valorar únicamente el título universitario, los años de experiencia o el nombre de empresas anteriores, busca identificar si una persona cuenta con las habilidades necesarias para desempeñar un puesto.
Esto no significa que la formación académica deje de importar. Significa que el título se convierte en una señal más dentro del proceso, pero no necesariamente en el único filtro.
En un proceso de selección basado en competencias, una empresa puede valorar:
• Conocimientos técnicos
• Habilidades digitales
• Capacidad analítica
• Comunicación
• Liderazgo
• Resolución de problemas
• Pensamiento crítico
• Adaptabilidad
• Experiencia práctica
• Proyectos realizados
• Certificaciones o credenciales profesionales
• Pruebas técnicas o casos prácticos
La OCDE señala que el skills-based hiring se centra en conectar vacantes con candidatos a partir de las habilidades específicas requeridas para el puesto, en lugar de depender principalmente de cualificaciones o cargos anteriores como sustitutos de esas habilidades.
La idea principal es sencilla: contratar no solo por lo que una persona dice haber hecho, sino por lo que puede demostrar que sabe hacer.
El mercado laboral está cambiando con mucha rapidez. La aparición de nuevas tecnologías, la automatización de tareas, la transformación digital y la Inteligencia Artificial están modificando las competencias que necesitan las empresas.
Muchos puestos ya no tienen exactamente las mismas funciones que hace unos años. Incluso dentro de una misma profesión, las habilidades demandadas pueden cambiar de forma acelerada.
Este contexto hace que los filtros tradicionales sean insuficientes. Una titulación puede indicar una base de conocimiento, pero no siempre refleja si una persona domina herramientas actuales, sabe trabajar con datos, puede adaptarse a nuevas metodologías o cuenta con habilidades transversales.
La velocidad del cambio tecnológico
La Inteligencia Artificial está modificando tareas en áreas como marketing, finanzas, recursos humanos, operaciones, atención al cliente, logística o análisis de datos.
Esto obliga a las empresas a buscar perfiles con capacidad de aprendizaje continuo, criterio digital y flexibilidad para incorporar nuevas herramientas.
La necesidad de reducir brechas de talento
Muchas empresas tienen dificultades para encontrar perfiles que encajen exactamente con sus necesidades. La contratación basada en competencias permite ampliar la búsqueda y detectar talento que quizá no cumple todos los requisitos tradicionales, pero sí posee las habilidades necesarias.
La OCDE señala que dar más peso a las habilidades en contratación y desarrollo puede ampliar el acceso al empleo y mejorar los resultados de reclutamiento.
Nuevos perfiles híbridos
Cada vez son más relevantes los perfiles que combinan conocimientos de distintas áreas: marketing y datos, finanzas e IA, recursos humanos y analítica, sostenibilidad y reporting, operaciones y automatización.
Este tipo de perfiles no siempre encaja bien en categorías académicas tradicionales. Por eso, evaluar competencias concretas ayuda a identificar mejor el potencial.
El skills-based hiring obliga a preguntarse qué habilidades son realmente importantes para el puesto y para el futuro de la organización.
Aunque cada sector tiene sus propias necesidades, existen competencias que están ganando peso de forma transversal.
Competencias digitales
Las empresas valoran cada vez más la capacidad para utilizar herramientas digitales, automatizar procesos, interpretar información y adaptarse a entornos tecnológicos.
Esto incluye conocimientos de IA, análisis de datos, CRM, herramientas colaborativas, plataformas de automatización, dashboards o software especializado.
Análisis de datos
La toma de decisiones basada en datos ya no pertenece solo a perfiles técnicos. Marketing, finanzas, recursos humanos, logística o dirección empresarial necesitan profesionales capaces de interpretar indicadores y convertirlos en decisiones.
Por eso, la formación en Big Data y Business Intelligence es cada vez más relevante para perfiles que quieren diferenciarse en el mercado laboral.
Pensamiento crítico
En un entorno con exceso de información y herramientas de IA generativa, no basta con obtener respuestas rápidas. Es necesario saber analizarlas, contrastarlas y tomar decisiones con criterio.
El pensamiento crítico se convierte en una habilidad clave para evitar errores, interpretar datos y resolver problemas complejos.
Comunicación y colaboración
Las empresas necesitan profesionales capaces de explicar ideas, coordinarse con equipos diversos, presentar resultados y trabajar en entornos híbridos o internacionales.
Las competencias técnicas son importantes, pero la capacidad de trabajar con otros sigue siendo esencial.
Adaptabilidad y aprendizaje continuo
El profesional más valioso no es solo quien sabe hacer una tarea concreta hoy, sino quien puede aprender nuevas herramientas y adaptarse a cambios futuros.
La investigación sobre ofertas de empleo y transformación por IA apunta a un crecimiento sostenido de competencias relacionadas con IA, datos y habilidades humanas avanzadas, configurando una base de empleabilidad cada vez más híbrida.
El skills-based hiring cambia la forma en que los profesionales deben presentarse ante el mercado laboral.
Ya no basta con enumerar estudios y experiencias. Es necesario mostrar competencias de forma concreta, con ejemplos, proyectos y resultados.
Un CV más orientado a habilidades
El currículum debe destacar qué sabe hacer el candidato. Por ejemplo, en lugar de limitarse a decir “responsable de marketing”, puede explicar:
• Gestión de campañas en Meta Ads y Google Ads
• Análisis de métricas de conversión
• Creación de automatizaciones de email marketing
• Elaboración de informes de rendimiento
• Coordinación de contenidos para redes sociales
• Mejora del coste por lead en una campaña concreta
Cuanto más específico sea el perfil, más fácil será que la empresa identifique el valor real del candidato.
Más importancia de los proyectos
Los proyectos académicos, profesionales, personales o freelance pueden demostrar competencias. Un dashboard, una campaña, un plan financiero, una investigación de mercado o una propuesta estratégica pueden servir como evidencia.
Esto es especialmente útil para perfiles junior o personas que están cambiando de sector.
Entrevistas más prácticas
Las entrevistas pueden incluir casos, ejercicios, pruebas técnicas o preguntas situacionales. El objetivo es ver cómo piensa y actúa el candidato ante un problema real.
Por ejemplo, una empresa puede pedir analizar una situación, priorizar tareas, interpretar datos, presentar una propuesta o resolver un caso relacionado con el puesto.
Mayor valor de la formación continua
El aprendizaje no termina al finalizar una titulación. En un mercado cambiante, los profesionales necesitan actualizar competencias de forma constante.
Másteres, certificaciones, cursos especializados, proyectos prácticos y experiencia aplicada ayudan a demostrar evolución profesional.
La contratación basada en competencias puede aportar beneficios importantes a las organizaciones.
Amplía el acceso al talento
Si una empresa elimina filtros excesivamente rígidos, puede encontrar candidatos con gran potencial que quizá no tienen una trayectoria tradicional, pero sí las habilidades necesarias.
Esto puede mejorar la diversidad de perfiles y reducir barreras de acceso.
Mejora el ajuste entre persona y puesto
Cuando se definen bien las habilidades necesarias, el proceso de selección puede ser más preciso.
La empresa deja de buscar perfiles genéricos y empieza a identificar competencias concretas para tareas concretas.
Favorece la diversidad y la inclusión
El skills-based hiring puede ayudar a reducir ciertos sesgos asociados a universidades, empresas anteriores, años de experiencia o trayectorias lineales.
Eso sí, para lograrlo, las pruebas y criterios de evaluación también deben estar bien diseñados.
Facilita la movilidad interna
Este enfoque no solo sirve para contratar talento externo. También ayuda a identificar habilidades dentro de la propia organización.
Una empresa puede descubrir que un empleado tiene competencias útiles para otra área, proyecto o posición, aunque su cargo actual no lo refleje.
Conecta selección y formación
Si la empresa sabe qué habilidades tiene y cuáles necesita, puede diseñar mejores planes de formación, upskilling y reskilling.
Esto convierte a Recursos Humanos en un área más estratégica, conectada con el desarrollo del negocio.
Aunque el skills-based hiring ofrece muchas oportunidades, también presenta retos importantes.
Definir mal las competencias
El primer riesgo es no saber qué habilidades requiere realmente el puesto. Muchas ofertas de empleo incluyen listas largas de requisitos que no siempre son esenciales.
Para aplicar bien este enfoque, las empresas deben diferenciar entre competencias imprescindibles, deseables y aprendibles.
Diseñar pruebas poco realistas
Una prueba de selección debe representar situaciones similares a las del puesto. Si el ejercicio no está bien diseñado, puede medir aspectos irrelevantes o generar una mala experiencia de candidato.
Mantener nuevos sesgos
Aunque se eliminen algunos filtros tradicionales, pueden aparecer otros sesgos en pruebas, entrevistas o herramientas tecnológicas.
La selección basada en competencias debe ser clara, estructurada y revisable.
No valorar el potencial
Una persona puede no dominar una herramienta concreta, pero tener una gran capacidad para aprenderla. Por eso, las empresas deben evaluar tanto habilidades actuales como potencial de desarrollo.
Falta de cultura interna
El skills-based hiring funciona mejor cuando la organización también aplica una lógica de competencias en formación, promociones, movilidad interna y liderazgo.
Si solo se usa en selección, su impacto será limitado.
Para los profesionales, este modelo exige una preparación más práctica y estratégica.
Identificar competencias clave
El primer paso es analizar qué habilidades pide el mercado en el área profesional de interés. Revisar ofertas de empleo, perfiles de LinkedIn, informes sectoriales y herramientas utilizadas por las empresas puede ayudar a detectar patrones.
Traducir experiencia en habilidades
Muchas personas tienen competencias valiosas, pero no saben expresarlas bien.
Por ejemplo, coordinar un proyecto académico puede demostrar liderazgo, planificación, comunicación, trabajo en equipo y resolución de problemas.
Crear evidencias
Siempre que sea posible, conviene tener ejemplos concretos: proyectos, resultados, portfolio, informes, dashboards, campañas, planes estratégicos, certificaciones o casos prácticos.
Las competencias ganan fuerza cuando pueden demostrarse.
Preparar entrevistas con ejemplos
Una buena forma de preparar entrevistas es utilizar ejemplos reales con estructura: situación, reto, acción y resultado.
Esto permite explicar no solo qué se hizo, sino cómo se pensó y qué impacto tuvo.
Actualizar el perfil digital
LinkedIn, el CV y el portfolio deben reflejar competencias de forma clara. Es recomendable incluir herramientas, proyectos, logros medibles y áreas de especialización.
El crecimiento del skills-based hiring refuerza la importancia de la formación continua.
Las empresas necesitan profesionales que no solo tengan conocimientos actuales, sino capacidad para seguir aprendiendo. Y los profesionales necesitan demostrar que están actualizando sus competencias.
Upskilling
El upskilling consiste en mejorar habilidades dentro del área profesional actual. Por ejemplo, un perfil de marketing que aprende analítica avanzada o automatización.
Reskilling
El reskilling implica desarrollar habilidades para cambiar de área o asumir un nuevo tipo de función. Por ejemplo, un profesional administrativo que se forma en análisis de datos o gestión de proyectos.
Formación aplicada
Los programas con casos prácticos, proyectos reales, metodologías activas y conexión empresarial son especialmente útiles para demostrar competencias.
En este sentido, la formación en Recursos Humanos, Transformación Digital, MBA y Business Intelligence permite desarrollar perfiles más completos y adaptados a las nuevas necesidades del mercado.
¿Qué significa skills-based hiring?
Significa contratación basada en competencias. Es un enfoque de selección que prioriza las habilidades demostrables de los candidatos frente a filtros tradicionales como títulos, cargos anteriores o años de experiencia.
¿Los títulos dejan de importar?
No. Los títulos siguen siendo relevantes, pero se complementan con la evaluación de competencias prácticas, proyectos, pruebas, resultados y capacidad de aprendizaje.
¿Por qué las empresas están usando este enfoque?
Porque las necesidades del mercado cambian rápido y muchas empresas necesitan identificar talento con habilidades concretas, capacidad de adaptación y potencial de desarrollo.
¿Qué competencias son más importantes?
Depende del puesto, pero destacan competencias digitales, análisis de datos, pensamiento crítico, comunicación, liderazgo, adaptabilidad, resolución de problemas y aprendizaje continuo.
¿Cómo puedo demostrar mis habilidades?
Puedes hacerlo mediante proyectos, portfolio, certificaciones, resultados medibles, casos prácticos, experiencias académicas, prácticas profesionales, voluntariado o ejemplos concretos en entrevistas.
El skills-based hiring refleja un cambio profundo en la forma de entender el talento. Las empresas ya no buscan únicamente trayectorias lineales o títulos concretos, sino profesionales capaces de demostrar competencias, aprender rápido y aportar valor en entornos cambiantes.
Para los candidatos, este modelo supone una oportunidad para mostrar mejor su potencial. Para las organizaciones, permite ampliar el acceso al talento, mejorar el ajuste entre persona y puesto y construir equipos más diversos, ágiles y preparados para el futuro.
En EUDE Business School, la formación está orientada a conectar conocimiento académico, competencias profesionales y realidad empresarial. Programas como el Máster en Dirección de Recursos Humanos, el Máster en Big Data y Business Intelligence, el Máster en Transformación Digital y el MBA – Máster en Dirección y Administración de Empresas ayudan a desarrollar competencias clave en gestión de personas, datos, liderazgo, estrategia y adaptación al cambio.
En un mercado laboral donde las habilidades evolucionan cada vez más rápido, aprender a demostrar lo que sabes hacer será tan importante como seguir aprendiendo.